sábado, diciembre 29, 2007

TRES SONETOS SATÍRICOS ATRIBUIDOS AL NIÑO PROLETARIO


A UN GERMANÓLOGO LOCO



¿No estará escondido señor “germano”
un concupiscente impulso de su ano
en esa adoración de fanatico
por Sigmund, por Martín, por Federico?

Qué fácil es la aceptación del mundo
–insípido, fanfarrón y feito–,
cuando no se está en Auschwitz moribundo
–delirio de grandeza, voz de pito–.

Tomar en serio al que habla de mujeres
y sólo se acostó con una puta.
Tu despensa está llena de viveres

para que tu mamá te haga el almuerzo,
total viste a la mía en otro verso
–moreno, bajito, melena hirsuta–.




A UN MICO



Veo que nos salió gente al camino,
así que, entre tercetos y cuartetos
le declaro la guerra de sonetos,
y casi para mí es mejor que el vino.

Desenfundo la pluma sin remedo,
saco el endecasílabo y la rima,
me subo sin temor a la tarima;
yo que soy parentela de Quevedo

Yo que, como San Juan, ya vi la lumbre
del poema, que ya tengo costumbre,
no me voy a amilanar con este mico

que delira con vergas de borrico.
Yo apostaría que este pobre infante
lleva la verga atrás y no adelante.




A UN APRENDIZ DE VATE



Bienvenido sea al rigor del verso,
pero tenga ojo con este camino,
no vaya a pasar que le salga espino;
dicen que es duro, casi siempre adverso.

Es corto el amor, la tristeza es larga;
mas, bien alegre, sin hipocresía
alzo la copa de la poesía.
Brindo porque a usted no le sepa amarga.

Ya que voy entrando al primer terceto
escúcheme bien, aprendiz de vate:
la constancia es ley en lo del soneto.

Y no me responda, ¡no arme debate!
O le coloco un verso de remate.
¿Escuchó cabrón? ¡Téngame respeto!

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